miércoles, 6 de abril de 2011

Saegento Aldea



La heroíca muerte de Juan de Dios Aldea Fonseca ha quedado para siempre perpetuada en el nombre de una de las unidades de la Escuadra Nacional y de numerosas calles de las ciudades de nuestro país.

También, en un busto en los patios del fuerte Borgoño, en el Destacamento de Infantería Marina Nº 3 "Sargento Aldea", en Talcahuano. Asimismo existe otro en la Escuela de Infantería Marina.

En Chillán en honor ha su valor, lleva su nombre una de las plazas más pintoresca de Chile " La Plaza Sargento Aldea".

Una vez terminado el combate, es dejado junto a los cuerpos de Arturo Prat Chacón e Ignacio Serrano Montaner, en la aduana de Iquique. Allí permaneció una hora y media, hasta ser llevado al Hospital de Iquique por el ciudadano italiano don Adolfo Gariazo y otros extranjeros avecindados en Iquique.

En el hospital sufrió la amputación de sus miembros heridos, sin embargo, falleció el 24 de mayo de 1879, día que cumplía 26 años.


















Sargento Juan de Dios Aldea

Sargento Juan de Dios Aldea


Juan de Dios Aldea Fonseca nació en Chillán en 1853. Hijo del profesor don José Manuel Aldea y doña Úrsula Fonseca.

Su niñez transcurrió en Santiago junto a sus abuelos paternos, don Juan de Dios Aldea y doña María Antonieta Contreras. Luego a los 8 años de edad fue llevado por su padre a la escuela franciscana de Chillán que él dirigía, donde se distinguió por su excelente caligrafía, don muy apreciado en aquellos tiempos, y manifiesto interés por los ejercicios militares.

A los 12 años de edad consiguió el permiso de su padre para vivir con su tía, doña Petronila Aldea de Gutiérrez y a varios de sus primos de alrededor de su misma edad. Entre ellos, Juan de Dios se hizo un hombre, que a los 16 años manifestaba un firme carácter, que era complementado con su pujanza física y su espíritu jovial y bondadoso.

Declarada la Guerra del Pacífico, en abril de 1879 es transbordado a la corbeta "Esmeralda".

Su amor a la patria y a las armas era una cuestión heredada. El diario "La Discusión de Chillán" al referirse a los varones de la familia Aldea, señala que en su mayoría han sido hombres de armas. En efecto, muchos de esos Aldea, valerosos guerreros, dignos predecesores del héroe de la Esmeralda, entregaron sus vidas en los campos de batalla. Bien se podría afirmar que para el Sargento Aldea no se trataba más que de una vocación irresistible.

La consecuencia se cuenta entre sus principales virtudes. Ello se materializa durante la Guerra del Pacífico, en el Combate Naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879, al acompañar a su Comandante, Arturo Prat, en el inmortal abordaje al monitor peruano Huáscar, sin que lo intimidara la gran superioridad del enemigo.

domingo, 3 de abril de 2011

Héroe nacional. Con aventuras ya míticas, creó confusión e inseguridad entre los realistas durante el periodo de nuestra historia, La Reconquista.

Manuel Rodríguez era hijo del español Carlos Rodríguez de Herrera y de María Loreto de Erdoiza, peruana, y nació el 25 de febrero de 1785. Desde pequeño mostró aptitudes intelectuales y una personalidad vivaz.

En 1804 recibió su doctorado en Leyes en la Universidad de San Felipe y fue admitido como abogado por la Real Audiencia.

Ferviente patriota, en 1811 fue nombrado procurador del Cabildo de Santiago, pero a los pocos días fue designado secretario de Estado en la cartera de Guerra.

Nace la leyenda

Después de demostrar su inocencia ante la acusación de conspirar contra José Miguel Carrera, de quien había sido su amigo primero y, en 1813, su secretario particular, fue nombrado como secretario de Gobierno y Hacienda. Sin embargo, la derrota de Rancagua, en 1814, que significó el fin de la primera etapa de la emancipación de Chile de España, lo obligó a huir a Mendoza.

Fue en esa ciudad donde se ganó la simpatía del general argentino José de San Martín, uno de los principales caudillos del proceso revolucionario de América del Sur. San Martín le encomendó que le informara sobre el movimiento de las tropas realistas en nuestro país y que hiciera creer que las fuerzas patriotas cruzarían por el sur de la cordillera. Así, la milicia realista, cuya mayoría de soldados estaba concentrada en la zona central, se dividiría perdiendo su fortaleza.

Todos estos objetivos Rodríguez los cumplió con creces, a través de aventuras plenas de valentía y astucia, que dieron origen a su leyenda.

Problemas con el poder

La popularidad que adquirió Rodríguez, más sus tendencias carrerinas, fueron mal vistas por el nuevo gobierno dirigido por Bernardo O'Higgins. Según algunos autores, para alejarlo de Chile se le ofreció una misión diplomática en Estados Unidos, que él rechazó.

Dos veces estuvo en prisión, una de ellas acusado de conspirar a favor de José Miguel Carrera (contrario a O'Higgins), hasta que San Martín lo nombró auditor de guerra del Ejército en 1817.

Su muerte

En 1818 ocurre el desastre de Cancha Rayada, donde los realistas casi aniquilaron al ejército patriota. Fue una nueva oportunidad para que Rodríguez demostrara su capacidad de reacción. Animó a la ciudad con la célebre frase ¡Aún tenemos patria, ciudadanos! y formó los Húsares de la Muerte, un escuadrón militar. Además, por voto popular, ejerció por dos días el cargo de director supremo interino.

Una vez recuperado el control de la situación, gracias a la batalla de Maipú (5 de abril de 1818), se disolvió el escuadrón creado por Rodríguez y a él se le encerró en el cuartel San Pablo por su protesta pública contra el fusilamiento de los hermanos Carrera (Juan José y Luis), acusando a O'Higgins y San Martín de ser sus autores intelectuales.

Una vez preso fue conducido a Valparaíso, pero cerca de Til Til fue asesinado (26 de mayo de 1818) por sus captores, quienes alegaron que había intentado escaparse. Su sospechosa muerte provocó descontento popular y arrojó una sombra sobre el gobierno de O'Higgins.